Aldo Chaparro

Fotografía:
Cortesía de la Galería Casado Santapau

Su trabajo se centra principalmente alrededor de la escultura, el diseño y la arquitectura, pero es conocido especialmente por sus esculturas hechas con acero inoxidable.

Originario de Perú, vive y trabaja entre la Ciudad de México, Nueva York, Madrid y Lima. No sólo se ha dedicado a la escultura, también ha incursionado en la pintura, video y fotografía. A lo largo de su carrera se la han presentado varios retos; en la escultura, el lograr hacer sus tótems en acero inoxidable requirió mucha habilidad para soldar y pulir el material. Por otro lado, siempre ha pintado, pero no había logrado que sus obras tuvieran la misma fuerza que sus otras piezas. 

Su obra ha recorrido el mundo y ha estado en grandes colecciones como el de la Fundación Jumex, en México; Cisneros Fontanals Art Foundation, en Miami; Fundación Helga de Alvear, en España, y Douglas Baxter’s Collection, en Nueva York, entre otros.

CONOCIENDO A ALDO

PASIÓN: Los textiles. Es lo único que realmente me apasiona coleccionar. Tengo muchísimas alfombras. Casi siempre que viajo procuro adquirir una y traerla de regreso conmigo.

PIEZA DE DISEÑO: Poseo una lámpara Treetops de Ettore Sottsas del Grupo Memphis. ¡Me encanta!

NO PUEDO SALIR DE MI CASA SIN: Mi libreta. Apunto todo en ella.

GADGET: iPhone.

LIBRO: Creo que no puedo elegirlo, pero sí a un autor: Jorge Luis Borges. Mucho de mi interés por el reflejo nació de él.

ANÉCDOTA: Durante mis años de juventud, íbamos a un bar llamado el SOS que estaba en La Herradura. En esa época, esa zona era un lugar de mala muerte, era una de las peores partes de Lima. Ahí nos divertimos muchísimo. A mediados de 2016 vine a Perú con mi equipo para exponer un proyecto al que llamé All that is solid melts into air en la Casa Fernandini con la Galería Casado Santapau. Una noche le platicábamos a mi equipo de nuestras fiestas en el SOS. Éramos cinco, mi amiga Gilda, Claudia y mis asistentes Ignacio, Daniel y Alonso. Salimos los cinco en búsqueda del bar. Para nuestra sorpresa, más de tres décadas después, el SOS seguía en pie. Había cambiado mucho, pero aún había pequeños detalles que habíamos visto a nuestros 20 años. Fue una noche fabulosa.