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Arquitectura de lo infinito

El concepto creativo que inspiró el diseño de esta casa consistió en lograr transcribir en la arquitectura el sentido de lo eterno y lo infinito, donde no existieran el principio ni el fin en los trazos arquitectónicos que conforman el espacio que se habita, y cuyo contexto obligaba a integrar y dirigir todas las miradas hacia un lago que domina el terreno.

Para el proyecto se tuvo muy en mente que la familia deseaba más que una casa, un hogar, por lo que se integraron al programa de diseño todos los espacios necesarios para que la familia, y cada uno de sus miembros contara con los diferentes ambientes de convivencia e intimidad, incluso microambientes dentro de los mismos espacios habitables, de tal manera que se lograra cubrir con las expectativas, que eran muchas, de cada uno de ellos, y eso incluía a la más pequeña de la familia, de apenas unos meses de nacida.

El terreno irregular indujo a generar un vestíbulo central al nivel de la calle, a través del cual se distribuyeron los diferentes ambientes.

En la planta baja se concentró todo él área social, de recreación y esparcimiento con la familia y los amigos, en una total integración con el entorno natural, el cual se decidió complementar con una cascada y espejos de agua sobre el cual “flota” la sala-comedor; así como con la casa del árbol, símbolo de la unión y la convivencia familiar, y eje rector que motivó el diseño y la creatividad.

“Más que una casa, necesitamos un hogar... Un lugar que nos inspire y nos motive a disfrutar cada uno de los momentos en familia; dónde crecer, convivir y desarrollarse...”

Los muebles y elementos decorativos fueron planeados y diseñados para integrarse plenamente con el contexto.

En el segundo nivel se ubicó él área de las habitaciones y la convivencia íntima de la familia. A su vez, cada una de las recámaras de los niños, cuenta con su propio mezzanine donde se recrearon los personajes y fantasías de sus sueños.

Al subir medio nivel más las escaleras, se llega al estudio familiar, espacio que se integra plenamente a los dos niveles y medio de altura del vestíbulo, y a través del cual se accede al tercer nivel; allí se encuentra la oficina donde trabaja el jefe de la familia, la cual se integra a una terraza-mirador, donde la familia también dispone de otro rincón íntimo para pasar una velada “asando” malvaviscos, mientras se disfruta del paisaje y del cielo estrellado.

Como resultado de la arquitectura orgánica aplicada, se decidió por materiales y colores que le dieran ligereza a las caprichosas líneas de diseño, dejándolas fluir sin detenerse. Como material complementario, se recurrió a la piedra de la región en alguno de sus muros como elemento integrador del lenguaje entre naturaleza y arquitectura, entre exterior e interior.

Proyecto arquitectónico: Arq. Fernando Ancona Teigell + Arq. Fernando Ancona Gutiérrez.
Fotografía: Tamara Uribe Construcción; Grupo Consur
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