LOFT VIVERO

Autor: TACO taller de arquitectura contextual / Reyes Ríos + Larraín arquitectos

Colaboradores: TACO Carlos Patrón Ibarra, Alejandro Patrón Sansor, Ana Patrón Ibarra, Estefanía Rivero Janssen, / RR+L Salvador Reyes Ríos, Josefina Larraín

Fotografías: Leo Espinosa

 

 

Loft Vivero es el resultado de una intervención arquitectónica para volver habitable una “autoconstrucción” abandonada de 60m2 y más de 30 años de antigüedad, ubicada dentro de un vivero de plantas tropicales en Cholul, una comisaría de la ciudad de Mérida, en el sureste de México.

La construcción  funcionó como almacén y albergue de trabajadores. Contaba con dos módulos de iguales dimensiones  y un baño adosado a uno de  éstos. El crecimiento de un árbol de gran tamaño introducido al vivero afectó la construcción original, provocando el abandono de la edificación y la tala de dicho árbol.

Desde el inicio del proceso de diseño, el proyecto se planteó con un presupuesto reducido y limitado, sin opción a costos adicionales. Una vez que arrancó la obra se detectaron graves omisiones estructurales, cuyas  soluciones tuvieron  que restarse a dicho presupuesto; acotando de manera significativa las acciones de reconversión a las mínimas indispensables. Esto provocó que las decisiones de distribución partieran de la conservación del 90% de los muros y vanos existentes.

El programa arquitectónico considera la transformación de uno de los módulos en el área social de la vivienda (sala-comedor-cocina); el segundo módulo contiene un área de lavado y guardado con acceso desde el área social, un baño y una recámara. El baño adosado se demuele y en su lugar se agrega una terraza de 20m2 como un espacio de transición entre la zona privada y el exterior, misma que contribuye a mejorar el confort térmico de la recámara sin sacrificar las vistas hacia la densa vegetación del vivero.

En el análisis del entorno construido se observaron repetidamente enmarcamientos en el perímetro de las ventanas que ayudan a proteger a las viviendas de la exposición al sol y a las constantes lluvias. Estos marcos fueron reinterpretados con placas pre-coladas de concreto desbastado en sitio, de manera que cumplen la misma función y además enfatizan los paisajes que envuelven a la vivienda, convirtiéndolos en cuadros vivos que alimentan el espacio interior.

La construcción original contaba con mosaicos de pasta que tuvieron que levantarse en su totalidad para volver a nivelar e introducir las nuevas instalaciones de la vivienda. Las piezas recuperadas sirvieron para desarrollar un nuevo diseño de pisos, introduciendo placas de concreto pulido que reemplazaron la superficie de las piezas que se perdieron en el proceso. En el exterior se planteó el cambio de acabados en muros para reducir costos de mantenimiento, lo cual se resolvió con dos tipos de aplanados aparentes: uno hecho a base de la tierra negra que cubre los más de 20,000m2 del terreno del vivero; y otro con cemento pulido brillado que aporta un reflejo sutil del entorno natural. Ambos acabados se aplicaron de forma artesanal, los cuales se contrastan con ranuras de vidrio laminado con película de color, de la misma gama cromática del entorno, mismos que matizan la luz que pasa a través de ellos.


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