HOMENAJE AL COLOR

Fotografía: Adrián Llaguno

Diseño: Moneo Brock / Belén Moneo y Jeff Brock

La Casa TEC 205 se encuentra en el borde sur de Monterrey, muy cerca del parque ecológico Chipinque. Un paisaje urbano dominado por la Sierra Madre, omnipresente en el horizonte de la ciudad.

El concepto de la casa surge de cuatro grandes árboles que habitaban el solar: tres nogales y un trueno. Su belleza cautivó inmediatamente a los constructores que decidieron que formasen parte del proyecto. La arquitectura de la casa los envuelve, los arropa, los enmarca, los viste y los ensalza. 

Cada una de las estancias de la casa se extienden en un espacio exterior que le corresponde y la amplía -un jardín, un patio, una terraza-, aportando a cada zona interior un paisajismo diferente, un carácter único, una luz individual, a veces reflejada, a veces directa, a veces tamizada. Los espacios de la casa quedan delimitados y enmarcados por unos muros que se desligan y flotan, y cuyo cometido es esconder y desdibujar la volumetría exterior. Los muros se extienden hasta el jardín, donde los huecos que las perforan ayudan a leerlos como elementos independientes, plásticos. El color en la arquitectura mexicana, de las creaciones vernáculas de los maestros Barragán y Legorreta, fue incorporado en estos muros que caracterizan, tanto el exterior como el interior de la vivienda.

La casa se organiza en tres alturas, y la gran pendiente del terreno permite entrar por el piso intermedio, quedando el de abajo a cota del jardín, pero parcialmente enterrado. Allí se dispusieron los dormitorios, aprovechando la inercia térmica de la tierra, aportando frescor a la casa y ahorrando energía. También se potenció el uso de ventilación natural, orientando los huecos para que los vientos predominantes, este-oeste, favorezcan la entrada de aire fresco y la evacuación de aire caliente. Estas medidas forman parte de las estrategias sostenibles de la casa, que buscan reducir el impacto medioambiental.

La cubierta se concibe como un gran cuarto exterior, delimitado por muros y ventanas que enmarcan las fantásticas vistas de los cerros regiomontanos. En el centro de este espacio aparece la copa del gran trueno, aportando vegetación, sombra y frescor de manera inusitada. La alberca es quizás la protagonista de este espacio, junto al asador y al chill-out, convirtiendo la cubierta en el espacio principal de entretenimiento, accesible desde la entrada de la parcela con una escalera exterior independiente.

En el interior, el color ha sido de nuevo el protagonista. El pigmento de cada muro permanece dentro de la casa, reconociendo aún más su autonomía. En algunas estancias se han empleado papeles pintados de la marca inglesa Mural Wallpaper con murales vibrantes que aportan color y diseño y, en otras, baldosas mexicanas con patrones geométricos y colores vivos.




ARTÍCULOS RELACIONADOS